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Qué hago con la semiótica

Hace 20 años empecé a conocer a la semiótica o semiología (como más les guste llamarla). En el CBC fue la materia que me rompió la cabeza, que me hizo dudar por primera vez a los 19 años que los diarios podían no estar contando la realidad de lo que pasaba, sino apenas una versión desde su particular punto de vista. Fue una verdadera revelación.

Tantos años después mi relación con esta ciencia social es como la del pez con el agua. Me da gusto decirlo, aunque aquel día en el pasillo del CBC ni me lo hubiese imaginado. Hoy soy profesora de Semiótica I (cátedra Fernández) en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, donde además trabajo haciendo investigaciones sobre comunicación institucional. Y fuera de la universidad hago análisis semiológicos para investigaciones de mercado y opinión pública. Así es que últimamente, me ha tocado trabajar en estudios de la categoría bancos, haciendo análisis de marcas (nombres+logos) de bancos por un lado, y de opiniones y hábitos de clientes bancarios por el otro.

Pero ¿para qué sirve la semiótica? La gran pregunta que todos los que nos dedicamos a ella nos gustaría responder en dos líneas. Pero no es fácil. Es la pregunta que rondó la primera edición del Semiofest, realizado en Londres a fines de mayo pasado. Allí estuve a través de los ojos y oídos de mi amiga y socia en SemioticaStudio, Gabriela Pedranti. Ella que es un as con la pluma escribió esta excelente crónica que ya ha recorrido las redes sociales.

Ensayando explicaciones breves y contundentes, con Gabriela estamos probando la siguiente:

“la semiótica permite explicar las opiniones, motivaciones y acciones de las personas (consumidores/usuarios/públicos/ciudadanos) encontrando en ellas las huellas de los marcos socioculturales en las fundamentan y les dan sentido”

Lo cierto es qué más allá de qué ciencia elijamos como marco de nuestras investigaciones, creo que el quid de la cuestión está en saber observar y saber escuchar, agudizar mucho nuestros sentidos, poniendo siempre a prueba nuestros propios preconceptos. Sólo así nos podemos garantizar contar con materiales (sean fuentes primarias o secundarias) válidos para luego zambullirnos en el arduo y excitante trabajo de analizarlos.

Veremos cómo nos va explicando a los clientes los beneficios que el abordaje semiótico puede ofrecerles, mientras seguimos disfrutando —como estoy segura que la mayoría de semiólogos hace— de dedicarnos a una ciencias poco conocida fuera de los ámbitos especializados y más bien identificada como la materia difícil de las carreras de comunicación social, publicidad, etc. Para muestra basta un botón.